sábado, 24 de febrero de 2018

Resumen de los 5 años del papa Francisco por un teólogo brasileño


CINCO  AÑOS  DE  FRANCISCO,  José  A.  Gomes  M.
Desde la perspectiva de la Teología de la Liberación

Presentación
La presente reflexión sobre los cinco primeros años del pontificado del papa Francisco se centra en algunos temas-clave que hasta ahora parecen confirmar la expectativa de muchos latinoamericanos de que un papa “del fin del mundo” fuera capaz de hacer escuchar en el “centro” de la iglesia y del mundo, el grito de dolor de la humanidad que sufre y el clamor de la tierra nuestra “casa común”.
En las páginas que siguen intento resumir, a mi manera, la recepción de los principales documentos y discursos del papa Francisco por parte de algunos teólogos e historiadores del cristianismo latinoamericano vinculados a la CEHILA[1], a Amerindia[2] y a la “Escuela del Dei”[3]. Después de muchos años de ráfagas del Vaticano en contra de la teología de la liberación, ahora se siente una brisa favorable que anima y fortalece esta teología.


A pesar de creer que “esta manera de elegir al papa es anacrónica, debe cambiar”, el padre Carlos Saracini, cura párroco de la Parroquia Santa Cruz[4], en el barrio San Cristóbal en Buenos Aires, al tener noticia de que su obispo, Jorge Bergoglio, había sido elegido en el conclave como el nuevo “obispo de Roma”, dice “sentir que ‘puede haber un aire fresco’ en nuestra Iglesia grande… que vive tan ‘ajena’ a estos tiempos nuestros”. Y prosigue: “Creo que él puede traer ‘más humanidad’ a esa curia romana tan alejada de la realidad. Es un hombre que puede romper con los protocolos… un hombre que anda de a pie”. Y vuelve a insistir más adelante: ¡Creo que puede llevar más ‘humanidad’ a nuestra Iglesia y eso ya es mucho! Parece poco, pero es mucho”.
Enumeraba el cura párroco de la iglesia de Santa Cruz los cuatro primeros “signos” de más humanidad que, para él, llegaba a Roma con el nuevo papa:
1) el saludar a la gente con un “buenas noches” y concluir con un “que descansen”, señal de un “claro diálogo entre él y la gente ahí reunida”;
2) el presentarse como el obispo de Roma, que nos remonta al modelo de Iglesia más colegiada propia del Vaticano II;
3) el adoptar el nombre de Francisco, que en la conciencia de la Iglesia y todo el mundo Francisco de Asís y Francisco Javier son santos que hablan de una nueva vuelta a lo simple, profundo y desafiante que es el Evangelio; y
4) el pedido de que la gente lo bendiga, antes que él diera su bendición luego de platicar brevemente de que lo esencial de la buena nueva de Jesús era la fraternidad universal.
Se trata de algo “muy básico”, insiste, “pero en una iglesia como la nuestra que se ha des-humanizado tanto, que nuestros lenguajes y gestos litúrgicos son tan ‘extraños’ para la sensibilidad de estos tiempos… que este hombre salude y se despida con sencillez, no es un dato menor.” Son signos que “alientan”, pero hay que “verlo actuar”, concluye. Por último, en su evaluación sobre el resultado del conclave con la elección de Francisco, el padre Carlos deja constar también su visión más amplia sobre la nueva coyuntura que se descortinaba para “nuestra Iglesia universal” y para su comunidad en Santa Cruz:
Mirando más ampliamente, estoy convencido que la Buena Noticia de Jesús va más allá de nuestra Iglesia; el Espíritu de Dios está actuando en todos lados, fecundando la Vida, para que haya Vida, pero Vida en abundancia. Ahora, si nuestra Iglesia puede darle una mano al Espíritu Santo, se ‘suma’ a ese proceso de humanización que el Espíritu viene empujando desde hace millones de años. Nosotros aquí en Santa Cruz “algo” estamos haciendo, y por supuesto queda mucho por andar. A Francisco le toca animar colegiadamente nuestra Iglesia universal para que sea más humilde, más sencilla, más acorde a estos tiempos nuestros. Estamos en comunión con esa búsqueda, lucha y utopía (Saracini 2013).
Al cumplirse cinco años del pontificado de Francisco, creo que la previsión del P. Carlos de “aire fresco” en la iglesia, o de la llegada de una “nueva primavera eclesial”, como dicen otros, no ha sido equivocada en su gran parte, y que por fin nuestra Iglesia ha vuelto a “dar una mano al Espíritu Santo” al proceso milenario de humanización protagonizado por Él. La comunidad de Santa Cruz, como es bien conocido en Argentina y en muchos otros lugares del mundo, ha sufrido su parcela de experiencia, aunque elevada, de deshumanización durante el último régimen militar iniciado el 24 de marzo de 1976. Quizás precisamente por ello -“parece poco, pero ya es mucho”-  que el obispo de Roma sea el mismo que ha dado pruebas suficientes de saber escuchar y dar la mano, gestos de solidaridad en los momentos difíciles y de sufrimiento de una comunidad[5].
Cinco años no es mucho, en la historia de una institución como la Iglesia católica con casi de dos milenios de edad y en donde, nos lo recuerda el teólogo español Juan José Tamayo, “la tendencia es dar respuestas del pasado a preguntas del presente” (Tamayo, J.J. 14 marzo 2017). Sin embargo, es posible delinearse con cierta claridad tres áreas prioritarias de acción que, para muchos, señalan un verdadero cambio de paradigma: la reforma de la iglesia, la economía y la ecología.

A. ECCLESIA SEMPER REFORMANDA Y LA OPCIÓN POR LOS POBRES
El pontificado de Francisco se inicia con un mandato de retomar, desde el centro de la iglesia, la reforma de la iglesia iniciada por el Concilio Vaticano II e interrumpida por un largo periodo de “invierno eclesial”, en su mayor parte correspondiente a los pontificados de San Juan Pablo II y Benedicto XVI (1980-2013), mientras en las bases, sobre todo en los países periféricos, este deseo de reformas siempre se ha mantenido vivo. Para el teólogo alemán Karl Rahner, el propio Concilio debería ser entendido como “el comienzo del comienzo” del aggiornamento, o actualización de la iglesia, que desde entonces debería abrir sus puertas sin temor para dialogar con el mundo moderno y las otras religiones, sobre todo las cristianas (ecumenismo). Esta visión del Vaticano II como “el comienzo” de los cambios de la iglesia, hacia adentro, recuerda Massimo Faggioli (2012, 38), es compartida por muchos obispos y teólogos católicos y de otras iglesias cristianas que participaron del Concilio en carácter de observadores que en la última sesión en 1965 alcanzaron a ser más de 180. Entre los que procedían de los continentes que habían sido colonizados por europeos, especialmente América Latina y el Caribe, la recepción teológica y pastoral del Concilio se dio inicio de inmediato, antes aun de concluirse su última sesión conciliar con la firma de la Constitución Gaudium et Spes, documento destinado a tener una recepción especialmente creativa en Asia, África y América Latina, una recepción que solamente había sido posible gracias a nuevas ideas y prácticas que incluso habían precedido al concilio. 

1.       El “Pacto de las Catacumbas”
Me refiero al llamado Pacto de las Catacumbas (Beozzo, José O., 2015), un compromiso de vida, trabajo y misión “por una iglesia servidora y pobre” firmado por un grupo de 42 padres conciliares el 16 de noviembre de 1965, durante una Eucaristía celebrada en las catacumbas de Santa Domitila en la periferia de Roma sobre la tumba de los mártires Nereo y Aquileo. La mayoría de esos obispos eran provenientes de América Latina y el Caribe (Brasil, Argentina, Cuba y Dominica) y de otros continentes del llamado tercer mundo: Asia (China, Indonesia, Corea del Sur, India e Israel); África (Zambia, Argelia, Togo, Congo, Chad, Congo-Brazzaville, Egipto, Yibuti, Seychelles); América del Norte (Canadá) y Europa (Francia, Bélgica, Grecia, España, Italia, Alemania y Croacia, parte de la entonces Yugoslavia). En los días siguientes, se sumaron a ese grupo cerca de otros 500 de los 2.500 obispos que participaron en el Concilio.
En América Latina y el Caribe, la influencia del compromiso de los obispos que adhirieron al Pacto fue muy grande, principalmente en las dos Conferencias Generales del CELAM que se siguieron, en Medellín (1968) y en Puebla (1979), y posteriormente en Aparecida (2007). Los documentos de esas Conferencias consagraron la “opción por los pobres” pero crítica de la pobreza, entendida como “producto de situaciones y estructuras económicas, sociales y políticas” (P 30). Influyó también en el modelo eclesial participativo promovido por las Comunidades Eclesiales de Base; en la lectura comunitaria de la Biblia utilizando el método ver, juzgar (analizar) y actuar, y considerado un antecedente importante del posterior desarrollo de la Teología de la Liberación.
El argentino Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz (1980), comenta que el 21 de marzo de 2013, al entregarle al Papa una copia del Pacto de las Catacumbas a pedido de Mons. Pedro Casaldáliga, tuvo la impresión de que Francisco no conocía todavía el documento y se demostró muy sorprendido al verificar los nombres de los obispos que firmaban. En julio de 2014, en uno de sus artículos semanales, el teólogo de la liberación, L. Boff, introduce su publicación del texto del Pacto con el comentario de que “ahora con el Papa Francisco este pacto gana plena actualidad”, y concluye con una pregunta: “¿No son estos los ideales presentados por el Papa Francisco?” (Boff, L. julio de 2014).[6]
En su pequeño libro Francisco de Roma y Francisco de Asís. ¿Una nueva primavera en la Iglesia?, publicado apenas seis meses después de la inauguración del papado de Francisco, L. Boff no tiene dudas, y afirma, “con toda seguridad”, que “la iglesia católico-romana ya no será nunca la misma” (Boff, L. 2013, 10). Para el autor es inevitable comparar a los dos Franciscos, el de Asís y el de Roma, pues el solo hecho de haber escogido ese nombre, en explícita referencia a Francisco de Asís, “es porque quiere dar, solo con el nombre, un mensaje a todos: de ahora en adelante se intentará un modo nuevo de ejercer el papado, despojado de títulos y de símbolos de poder, y se procurará poner énfasis en una Iglesia inspirada en la vida y el ejemplo de san Francisco de Asís, es decir, en la pobreza, la sencillez, la humildad, la confraternización con todos, incluidos los seres de la naturaleza y la propia hermana y Madre Tierra” (Boff, L. 2013, 9).
Se trata, por lo tanto, más que apenas la utilización de un nombre. Es “un proyecto de Iglesia pobre, sencilla, evangélica y desprovista de todo aparato” (Boff, L. 2013, 22), muy distinto al modelo de Iglesia-Imperio que, precisamente en tiempos de Francisco de Asís, el papa Inocencio III (1198-1216) reivindicaba para sí y a sus sucesores la plenitudo potestatis, la totalidad del poder espiritual y temporal, como sacra potestas, poder sagrado. Ese modelo convertía la iglesia en una gran empresa vendedora de productos de salvación eterna: sacramentos, devociones, indulgencias, peregrinaciones, dogmas a ser creídos por sus “fieles” o punidos con la excomunión o la inquisición por sus “infieles” o “herejes”. Esa iglesia, celosa propietaria de poderes sagrados, característica de la alta Edad Media, era una iglesia triunfalista, clerical, distante del pueblo, narcisista, ensimismada, auto-centrada, autorreferencial,… en palabras utilizadas por el Papa Francisco en diferentes lugares. 

2.       Reforma y ecumenismo en el 500 Aniversario de la Reforma.
Demetrio Valentini, obispo emérito de la diócesis de Jales (Brasil), en el prefacio que escribe a la publicación de Amerindia sobre La Reforma de la Iglesia en tiempos de discernimiento (Trejo M. y Hermano R. orgs., 2015) afirma que el momento que vivimos es una “ocasión privilegiada para que todo el pueblo de Dios se ponga en camino y se conyuguen las perspectivas ‘desde arriba’ y ‘desde abajo’ para que la Iglesia de nuestro tiempo se reforme de acuerdo al querer de Jesús” (Valentini, D. 2015, 11). Se refería, obviamente, al hecho histórico de que contamos hoy, “excepcionalmente”, con un papa con una agenda explícita de reforma de la Iglesia que viene al encuentro con la reforma siempre querida desde los pobres, “desde abajo”, desde la periferia del poder eclesiástico a ejemplo de san Francisco y demás movimientos reformadores de la Edad Media, Martin Lutero, san Ignacio, santa Teresa y muchos otros santos” [7] (Valentini, D. 2015, 8).
La fidelidad al querer de Jesús y a los signos de los tiempos es garantizada por el lugar central que ocupan los pobres en el camino de la Iglesia, una Iglesia que a partir del Concilio Vaticano II se define claramente, especialmente en la Constitución Gaudium et Spes, como al servicio del mundo y del reino de Dios en seguimiento del Jesús histórico (GS 3).
La conmemoración del Aniversario de 500 años de los eventos que dieron inicio al movimiento de la Reforma en la segunda década del siglo XVI, coincide con el 50 aniversario del inicio del diálogo luterano-católico con la fundación de la Comisión Luterano-Católico-Romana sobre la Unidad en 1967, a 52 años de la conclusión del Concilio Vaticano II (1962-1965), primer Concilio en 400 años a ser realizado en el contexto de un movimiento por la unidad de los cristianos. Un marco importante desde la entrada de la Iglesia Católica en el movimiento ecuménico, es la Conmemoración conjunta entre luteranos y católicos de ese quinto centenario durante el año de 2017.
Al inaugurar ese año de Conmemoración conjunta, en Lund, Suecia, el papa Francisco habla del espíritu renovado con que vivimos esa oportunidad y la consciencia de que “la unidad entre los cristianos es una prioridad, porque reconocemos que entre nosotros es mucho más lo que nos une que lo que nos separa” (Francisco, 2016), palabras esas del Papa Juan XXIII, incluidas en el Prólogo del documento, Del Conflicto a la Comunión (FLM-PCPUC, 2013). Y lo que nos une, afirma la Declaración conjunta con ocasión de la Conmemoración conjunta Católico-Luterana de la Reforma: es la capacidad de católicos y luteranos de testimoniar juntos el Evangelio de Jesucristo y seguir juntos en el servicio de “la defensa de los derechos humanos y la dignidad, especialmente la de los pobres, […] acoger al extranjero, […] socorrer las necesidades de los que son forzados a huir a causa de la guerra y la persecución, defender los derechos de los refugiados y de los que buscan asilo”, así como en el servicio de “la defensa de toda la creación de Dios que sufre los efectos de la codicia insaciable.
La Declaración conjunta es un fruto maduro de la conciencia ecuménica nacida de varias décadas de diálogo fraterno y de acciones concretas de solidaridad y defensa de los más vulnerables entre los que se encuentra la propia “casa común”, el sistema vida en este planeta tierra.

3.       La reforma de la Iglesia “en salida misionera”.
La primera de las cuestiones que el Papa Francisco llama de nueva etapa evangelizadora, con enfoque ético y verdaderamente humano, es la reforma de la Iglesia en salida misionera (EG 17), que es lo mismo que la transformación misionera de la Iglesia (título que recibe el Cap. I). Las palabras que utiliza como sinónimas de reforma, salida y transformación, se multiplican rápidamente: conversión, apertura, renovación, cambio, camino… lo que señala la amplitud y profundidad de sentido que la expresión “reforma en salida misionera” puede abarcar.
El Concilio Vaticano II presentó la conversión eclesial como la apertura a una reforma permanente de sí misma por fidelidad a Jesucristo: ‘Toda renovación de la Iglesia consiste esencialmente en una mayor fidelidad a la propia vocación. […] La Iglesia peregrina es llamada por Cristo a esta reforma perene. Como institución humana y terrena, la Iglesia necesita perpetuamente de esta reforma’ (EG 26).
En el lenguaje del Papa Francisco, la iglesia se había tornado una iglesia auto-centrada, autorreferencial, narcisista y, ciertamente desde la conclusión del Concilio Tridentino en la segunda mitad del siglo XVI y la Contrarreforma, una iglesia triunfalista,[8] visión que predominó en el imaginario de la iglesia católica por cuatro siglos, hasta las vísperas del Concilio Vaticano II, y que todavía subsiste en los ambientes eclesiásticos más conservadores que insisten en el restablecimiento de la res-publica christiana o la Cristiandad medieval.
Durante un diálogo con los sacerdotes de la diócesis de Caserta, al sur de Nápoles, el Papa Francisco, a la pregunta sobre cómo debe de ser la iglesia en los días de hoy, explica en lenguaje directo y sencillo, y en clara referencia a su EG, que: “No hay que ser una Iglesia cerrada en sí, que se mira el ombligo, una Iglesia autorreferencial, que se mira a sí misma y no es capaz de trascender. Es importante la trascendencia dúplice: hacia Dios y hacia el prójimo. Salir de sí no es una aventura, es un camino, es el camino que Dios ha indicado a los hombres, al pueblo desde el primer momento cuando dijo a Abrahán: “Deja tu tierra”. Salir de sí. Y cuando salgo de mí, encuentro a Dios y encuentro a los demás. ¿Cómo encuentro a los demás? ¿De lejos o de cerca? Es necesario encontrarlos de cerca, la cercanía. Creatividad, trascendencia y cercanía. Cercanía es una palabra clave: ser cercano. No asustarse de nada. Ser cercano.” (Francisco 2014b).
¡La trascendencia es por esencia “dúplice”! No hay encuentro con Dios sin el encuentro con el prójimo. Por lo tanto, Dios no es el único trascendente: el prójimo, también lo es, al que se incluye la propia naturaleza, lugar donde trascendencia e inmanencia se encuentran (Laudato Si’). Sin embargo, para encontrar al otro es necesario, antes, estar abierto para salir de sí mismo, y, al acercarse al otro, no temer la buena novedad del cambio, pues, “cuando somos capaces de superar el individualismo, se puede realmente desarrollar un estilo de vida alternativo y se torna posible un cambio relevante en la sociedad” (LS 208).
La apertura a lo trascendente de la persona humana, en su sentido propio histórico y bíblico, es lo que hace posible “una nueva mentalidad política y económica, capaz de reconducir toda la actividad económica y financiera dentro de un enfoque ético que sea verdaderamente humano” (Francisco, 2014).[9]

B. “ESCUCHAR EL CLAMOR DE LOS POBRES”.
Evangelización y sistema económico: la primacía del ser humano frente a los ídolos del mundo moderno, el dios dinero.
En Evangelii Gaudium (EG) el papa Francisco retoma, explícitamente, el mismo concepto de Iglesia utilizado en Gaudium et Spes (GS) y en Lumen Gentium (LG) sobre la Iglesia entendida como toda la comunidad cristiana integrada por hombres [y mujeres], quienes, reunidos en Cristo y guiados por el Espíritu Santo peregrinan hacia el reino del Padre mientras comunica a todos la buena nueva de la salvación que ha recibido (GS 1; y LG 9, 10).
Para el Concilio Vaticano II, la Iglesia se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia, (GS 1) y se dirige a todos los hombres [y mujeres] con “su deseo de anunciar a todos, como entiende la presencia y la acción de la Iglesia en el mundo actual” (GS 2). Así, tanto en la GS como en la EG, la Iglesia, al salirse de sí misma en obediencia al mandato misionero de Jesús encuentra la realidad del otro, los hombres y mujeres del mundo de hoy, “sobre todo a los pobres y cuantos sufren, con sus alegrías y esperanzas, angustias y tristezas” (GS 1).
En ese sentido, el Papa Francisco, al hablar de la “inclusión social de los pobres” (EG 186-216), insiste en la exigencia de la Iglesia por escuchar el clamor del pobre por justicia y socorrerlo (EG 187 y 188). Invita a recorrer las Escrituras y descubrir al Padre bueno que quiere escuchar el clamor de los pobres según Ex 3,7-8.10. Recuerda todavía otro ejemplo, más cercano a la realidad del mundo actual de los pobres, cuando el Apóstol Santiago retomaba, con convicción, la figura del clamor de los oprimidos: «El salario de los obreros que segaron vuestros campos, y que no habéis pagado, está gritando. Y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos» (5,4). Por eso, y al hablar de la necesidad de crecer en una solidaridad que permita a todos los pueblos llegar a ser por sí mismos artífices de su destino (EG 190), recuerda que, “en cada lugar y circunstancia, los cristianos, alentados por sus Pastores, están llamados a escuchar el clamor de los pobres, como tan bien expresaron los Obispos de Brasil: «Deseamos asumir, cada día, las alegrías y esperanzas, las angustias y tristezas del pueblo brasileño, especialmente de las poblaciones de las periferias urbanas y de las zonas rurales -sin tierra, sin techo, sin pan, sin salud- lesionadas en sus derechos. Viendo sus miserias, escuchando sus clamores y conociendo su sufrimiento, nos escandaliza el hecho de saber que existe alimento suficiente para todos y que el hambre se debe a la mala distribución de los bienes y de la renta. El problema se agrava con la práctica generalizada del desperdicio»” (EG 191).
A pesar de que en los dos importantes documentos del Concilio ya aparezcan, de manera explícita, la centralidad del pueblo de Dios, de los pobres, de los que sufren y de los oprimidos (LG 8), su papel de ser “sujetos de la evangelización” es reafirmada por Francisco en su visión de iglesia como la totalidad del pueblo de Dios que evangeliza (EG 17), ya que esta, más que una institución orgánica y jerárquica, es un pueblo que peregrina hacia Dios (EG 111).
Comentando al respecto, P. Suess (2015b) dice que, al igual que la Gaudium et spes, del Vaticano II, también la EG “asumió el discurso inductivo, interrumpido durante el tiempo pós-conciliar”, pues, para Francisco, “el punto de partida de la misión de la Iglesia es el sufrimiento concreto de las personas, la indignación con el hambre y la ganancia, con la soledad y el abandono, con la falta de solidaridad y con la negación del reconocimiento” (p. 9-10).
Se trata, por lo tanto, del método de la evangelización, que, para el Papa, antes de hablar de “algunas cuestiones fundamentales relativas a la acción evangelizadora” es necesario tener presente el “contexto”, o sea, la realidad en que vivimos y actuamos en el mundo de hoy (EG 50). Por su parte, Jung Mo Sung, comenta que esta postura del Papa nos recuerda el método “ver-juzgar-actuar”, de larga trayectoria en las Comunidades Eclesiales de Base en Latinoamérica y en los documentos del magisterio latinoamericano, como el documento de Medellín, pero utilizado por él no de una manera lineal o mecánica, ya que cada momento no es autónomo ni neutro, sino que cada momento influye en el otro, dando cuenta de la riqueza y complejidad de la realidad (EG 176).
Para comprender la realidad, es necesario escoger una determinada clave de lectura, puesto que “los aparatos conceptuales están para favorecer el contacto con la realidad que pretenden explicar, y no para alejarnos de ella” (EG 194). Sin embargo, relativiza el Papa, una visión puramente sociológica de la realidad, con su pretensión de abrazar toda la realidad de manera éticamente neutra y aséptica, es inútil para los que se preocupan con la misión evangelizadora, e inclusive para quien busca profundas transformaciones sociales.[10] Prefiere situarse más en la línea del discernimiento evangélico, al realizar el necesario diagnóstico de la realidad.

4.       La irracionalidad idolátrica del mundo.
El primer gran desafío a la evangelización que Francisco identifica es la propia “economía de la exclusión y de la inequidad social” (EG 53). En clara violación del mandamiento de no matar, “esa economía mata”, afirma categóricamente. Y no solo mata simplemente por la explotación y la opresión donde “el más poderoso se come el más débil”, sino también a través de algo nuevo: la exclusión, donde el ser humano, después haber sido convertido en un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar, como ocurre en una cultura del «descarte». En conclusión, “los excluidos no son explotados sino desechos, sobrantes.”
Al preguntarse por la causa principal, al contrario de contestar como los pensadores neoliberales que es por la “falta de libertad del mercado” o por la falta de “eficiencia económica”, Francisco contesta que es más bien por la “la nueva idolatría del dinero, porque aceptamos pacíficamente su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades” (EG 55).
Según Mo Sung, esta es precisamente una primera gran novedad en la Evangelii Gaudium: el diagnóstico de que el “adversario” de la Iglesia ya no es más el ateísmo, el racionalismo o el secularismo del mundo moderno, como lo ha sido en las últimas décadas y hasta siglos. La EG denuncia la creación de “nuevos ídolos”, y el hecho de que nuestra relación con el dinero se ha transformado en idolatría desde el momento en que negamos la primacía del ser humano y aceptamos pacíficamente el dominio del dios-dinero sobre nosotros y nuestras sociedades:
La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano (EG 55).

5.       La invención moderna de la religión.
Cuando el Papa dice que el mundo actual no es ateo y centrado en la razón, significa que él ha abandonado una concepción de religión que durante los últimos cinco siglos la ha reducido al ámbito de la vida privada y ocupada apenas por la salvación eterna individual pos-mortem, del alma. El Papa en la EG asume, en cambio, uno de los ejes fundamentales de la Biblia: el discernimiento entre los dioses de la opresión, ya que mientras los ídolos requieren el sacrificio de vidas humanas, el Dios Verdadero quiere que todas las personas tengan vida en abundancia.
También recuerda J. Mo Sung que el Papa, al afirmar que el mundo actual no es ateo, sino que se fundamenta en la “idolatría del dinero”, él está retomando una de las tesis de la Teología de la Liberación (TL), especialmente de la Escuela del DEI, que ya en 1980 publicó la obra colectiva La lucha de los dioses, en la que precisamente argumentaba que el problema central del mundo moderno no es el ateísmo sino más bien la irracionalidad de la idolatría que exige el sacrificio de vidas humanas, especialmente de los pobres, en nombre de los dioses de la opresión de nuestro tiempo. De esa forma, el tema económico por Francisco es una parte esencial de la discusión teológica sobre la misión de evangelización en el contexto de hoy; y, más aún, afirma que el mundo capitalista no está fundamentado en la razón atea, sino en la “irracionalidad de la idolatría” (Hinkelammert).
En consecuencia, la principal tarea de la teología y de la evangelización ya no es anunciar y justificar la fe en Dios a un mundo ateo y racional, sino más bien desenmascarar a los ídolos de la opresión, tanto en la economía como en la religión, y anunciar la buena noticia del Dios de la Vida que se encarnó para que todas las personas tengan vida en abundancia. Evangelizar incluye, por lo tanto, el discernimiento entre los dioses de la opresión, o sea, la capacidad de distinguir, a la luz del Evangelio, los ídolos que requieren el sacrificio de vidas humanas y de la naturaleza al dios dinero y sus valores como el “progreso”, la “prosperidad” y el “poder”, del Dios Verdadero que quiere que las leyes del Mercado, del Estado, de la Iglesia, etc., estén al servicio de la vida de todos.

6.       Capitalcentrismo y antropocentrismo. La primacía del ser humano.
Retomando la presentación sobre las novedades de la EG, J. Mo Sung explica la utilización de la expresión “primacía del ser humano” en la afirmación del Papa Francisco de que “hay una profunda crisis antropológica: la negación de la primacía del ser humano” (EG 55). Por primera vez un documento firmado por el Papa desenmascara la ideología del capitalcentrismo disfrazada de antropocentrismo y, al mismo tiempo, afirma la primacía del ser humano ante los ídolos del dinero, del capital y del mercado.
De hecho, la modernidad capitalista y su historia de acumulación que con los grandes “descubrimientos” en el siglo XVI sacrificó millones de personas en América, África y Asia, y también de campesinos y trabajadores en Europa, condenados al hambre para saciar el hambre insaciable del capital. Al mismo tiempo, los economistas, filósofos e inclusive muchos teólogos presentaban a esa modernidad como antropocéntrica. Solo que los seres humanos de ese falso antropocentrismo son seres “abstractos”: sus cuerpos carecen necesidades y de relaciones sociales, ni forman parte de la naturaleza. “El capitalismo devora seres humanos concretos, corporales, y se justifica con una conciencia de antropocentrismo abstracto y trascendental” (Mo Sung, J. 2014) como lo hizo durante los 400 años de sistema esclavista y en poco más de un siglo de economía de mercado en el que el “centro” es ocupado por el capital, su crecimiento es presentado por los economistas capitalistas como necesario, infinito y un producto del valor y méritos propios.
Concluye Mo Sung, que para superar al capitalismo que sacrifica vidas humanas en nombre de las leyes del mercado sacralizado, es indispensable luchar contra esos dos hermanos gemelos: el capitalcentrismo y el antropocentrismo abstracto, y, en cambio, afirmar la primacía del ser humano concreto con su cuerpo, frente al ídolo sus relaciones sociales y con el medio ambiente.
Para Franz Hinkelammert, al comentar esos mismos números de la EG (EG 53-56), en ese lugar el Papa Francisco pasa al análisis de las causas de la actual economía de exclusión y de muerte, en el que el ser humano se ha transformando en un bien de consumo que puede ser usado y luego descartado (EG 53), o sea, una economía en que “la negación de la primacía del ser humano transforma mercado y dinero, en ídolos de un fetichismo despiadado, y transforma la sociedad en una dictadura de una economía que ha perdido todo rostro” (Hinkelammert 2015, 44). Esta es, por lo tanto, una economía inhumana.
Esta crítica de Francisco a la idolatría, o la religión idolátrica, coincide con la crítica de la religión de Marx inclusive en el uso de las palabras, cuando, en la Introducción a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel escribe que “la crítica de la religión desemboca en la doctrina de que el hombre es el ser supremo para el hombre” de donde derivaba lo que llama de “imperativo categórico de echar por tierra todas las relaciones en que el hombre sea humillado, sojuzgado, abandonado y despreciable y por los movimientos populares.”[11]

7.       Poder del ídolo-dinero y Dios en la cruz.
En el mundo actual, donde el hombre (la humanidad), creado a la imagen y semejanza de Dios, ha dejado de ocupar el centro de las relaciones económicas en sus relaciones con la naturaleza creada y con el Dios creador, y en su lugar se ha establecido el dios-dinero, para recuperar la primacía del ser humano es necesario, ante todo, desenmascarar a ese dios y demostrar que no pasa de un ídolo. Pero para eso, escribe Mo Sung, es necesario romper con la imagen tradicional de Dios asociado con el poder, un Dios como “todopoderoso”, un Dios muy distinto del evangelio que anuncia a un Dios-Amor, que no pide sacrificio y tiene compasión por los pobres y las víctimas de las opresiones, que escucha al clamor de los oprimidos y cautivos (Lc 4, 18-19).
Si no hay en este mundo un poder más fascinante que el poder del dinero, y si la riqueza, asociada al poder, es presentada como la manifestación de la bendición de Dios poderoso, de su voluntad, una señal de la recompensa divina por supuestos actos meritorios,… los detentores de esa riqueza, son tenidos como justos, bendecidos por Dios y victoriosos, aun cuando en realidad se tratase de bienes obtenidos por medios obscuros. Es cierto que la tentación de asociar a Dios con el poder y la riqueza no es una práctica exclusiva del capitalismo, como lo vemos con las magníficas catedrales, ricas en oro y obras de arte caras, herencia de épocas anteriores al actual sistema económico de mercado; pero también es cierto que nunca antes el dinero ha logrado la capacidad de aparecerse como entidad autónoma, con vida propia y poderes sobrehumanos.
Solo el Dios de los evangelios, la buena nueva a los pobres, el Dios de los profetas, que escucha el clamor de la humanidad y de la naturaleza oprimida, puede ayudarnos a restablecer la primacía del ser humano concreto sobre el ídolo-dinero. La expresión máxima del Dios compasivo y misericordioso es la fe de que Dios estaba en la cruz con y en Jesús, donde el justo fue condenado y brutalmente asesinado en nombre del Dios del Templo y del Imperio Romano. Concluye el teólogo coreano-brasileño, J. Mo Sung, que, a su criterio, la contribución más importante de la Evangelii Gaudium, fue, sin duda, el haber puesto la crítica a la idolatría del dinero y a la absolutización del mercado, en el centro de la discusión teológica y en el núcleo de la misión de evangelizar. Los intereses del mercado divinizado, transformados en ley absoluta, miran con desprecio sarcástico a la ética considerada contraproducente, demasiado humana, porque relativiza el dinero y el poder. En última instancia, la ética lleva a Dios que espera una respuesta comprometida que esté fuera de las categorías del mercado (EG 56-57). A partir de ahora, el anuncio de la buena nueva debe ser pensado y realizado siempre a partir del discernimiento de los principales problemas que afectan la vida de los más vulnerables, y, teniendo como marco, un juicio teológico sobre el mundo, lo que llama de una ética no ideologizada.

C. “ESCUCHAR EL CLAMOR DE LA TIERRA”
Después de publicar la Evangelii Gaudium, exhortación dirigida a los miembros de la Iglesia católica a fin de movilizarlos para un proceso de “reforma misionera todavía pendiente”, el Papa escribe la Carta la Encíclica sobre el Cuidado de la Casa Común, la Laudato Si’ (LS), y se dirige “a cada persona que habita este planeta” (LS 3).
Ambos documentos se complementan. Así, si en el primer documento Francisco se ocupa de la necesidad de la Iglesia de escuchar el clamor de los pobres, de los excluidos, de los más vulnerables de la sociedad moderna capitalista con una economía sin rostro y sin corazón; en el segundo trata de la urgencia de, al mismo tiempo, “escuchar el clamor de la tierra”. En realidad, esos dos clamores son inseparables, como los presenta el Papa Francisco desde el inicio de la Laudato Si’ (n. 2) de que “…entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm 8, 22).

1.       Ecología: Grito de la tierra, grito de los pobres.
Hace once años, a principios de abril de 2007, en una entrevista a IHU On-Line, Leonardo Boff, afirmaba que la Teología de la Liberación (TdL) no solo estaba viva, sino que Roma estaba “perdiendo la batalla” contra esa teología (Boff 2007). Estaba viva porque, “ella nació al escuchar el grito de los oprimidos y como hoy ese grito aumentó y se hizo clamor, ella tiene todas las razones para continuar viva.” Además, prosiguió, hoy no solo los pobres gritan, sino que gritan también las aguas, las florestas, los animales y la propia Tierra que sufre la agresión sistemática del modo de producción y del consumo globalizado. Por ese motivo, decía, nació en América Latina una “vigorosa ecoteología de la liberación”, que fue asumida también por muchas iglesias y universidades del primer mundo.
En la navidad de 2016, en una entrevista al periodo alemán Kölner Stadt Anzeiger, L. Boff dice que el Papa Francisco transformó la teología de la liberación en un bien común de la iglesia (Frank 2016) -una interpretación que seguramente no es compartida por todos. Pero para él el Papa la amplió con la Encíclica Laudato Si’, “pues hoy quien habla de los pobres necesita hablar también de la Tierra, porque ella es la gran pobre y también está siendo depredada y violada.” Por lo tanto, “escuchar el clamor de los pobres significa escuchar el clamor de los animales, de las florestas, de toda la creación torturada. Toda la Tierra está gritando.” En realidad, es de 1990 uno de sus libros que lleva, precisamente como título: “Ecología. Grito de la Tierra. Grito de los Pobres”, y que recibe nueva edición en 2015, donde elabora su “esbozo” para una “Ecoteología de la Liberación”. En esa obra explica que la Teología de la Liberación y la ecología tienen un punto de partida común: el grito. El grito del pobre y del oprimido con sus diferentes rostros dio origen a la Teología de la Liberación. El grito de la Tierra y de la naturaleza explotadas y devastadas… [dio origen a] la ecología (Boff 2015, 212).

2.       San Francisco: la dimensión horizontal del cristianismo.
En otra entrevista del mes de octubre de 2007, L. Boff decía que San Francisco fundó un nuevo humanismo, una síntesis feliz entre la ecología exterior (cuidado hacia todos los seres) y la ecología interior (ternura, amor, compasión y veneración). “Él es nuevo, nosotros somos los viejos”, decía, “aunque haya vivido más de 800 años antes de nosotros” (Boff, 2007). Se refería, obviamente, a la actualidad del modelo de vida que el santo vivió en su relación con los pobres y con la naturaleza, desde el momento en que redescubrió la humanidad pobre de Jesús encarnada en los más pobres de su tiempo que eran los leprosos con quien fue a vivir.
Hasta la época de San Francisco, el cristianismo vivía la dimensión vertical: todos somos hijos e hijas de Dios padre. Con él el cristianismo comenzó a vivir la dimensión horizontal: si todos somos hijos e hijas, entonces todos somos hermanos y hermanas. Y esa dimensión fraterna no incluye apenas a los humanos y a los seres vivos, sino también a cada uno de los seres de la creación desde la estrella más distante, al sol, la luna y la babosa en el camino. San Francisco descubre a Dios en la naturaleza al entenderla como hermana; así ella no es más paganizada, llena de divinidades. Ella es el gran sacramento de Dios. Por eso San Francisco asumía todo como venido de las manos de Dios, no solo las cosas alegres sino también las sombrías y dolorosas como la hermana enfermedad y la hermana muerte. Ese tipo de espiritualidad es importante para un cristianismo liberador, pues es capaz de descubrir a Dios en la riqueza de la diversidad de toda la creación y no apenas en el ámbito restricto de la iglesia institucional.
Preguntado sobre cómo el entonces Papa Benedicto XVI veía a San Francisco y cual su opinión sobre la visión del Papa, L. Boff contestó que el Papa era un “saudosista” (nostálgico) y poseía una concepción de Iglesia de la tradición medieval, superada posteriormente por la misma Iglesia. Se trata de una visión de “Iglesia como un fin en sí misma y como condición necesaria para la salvación de la humanidad”. Benedicto XVI se olvidaba, continúa L. Boff, que el Salvador no es la Iglesia, sino que Jesús vino para toda la humanidad, que ilumina cada persona que viene a este mundo, y que, en el fondo, aquel que redime es el Cristo cósmico de la teología de San Pablo, y redime no apenas la humanidad sino también a toda la creación. Por lo anterior, concluía que la afirmación del Papa Ratzinger que destacaba la “importancia de San Francisco como hombre de la Iglesia”, iba precisamente en contra de todo el espíritu de San Francisco que veía la acción redentora de Dios en todas creaturas.
Por su parte, el Papa Francisco en la Laudato Si’, invoca a San Francisco de Asís antes de lanzar su invitación urgente a renovar el diálogo sobre la manera como estamos construyendo el futuro del planeta (LS 14). Le dedica a este santo tres párrafos al inicio de la LS (ns. 10-12), espacio donde introduce por primera vez en la encíclica el concepto de “ecología integral”.
-          San Francisco es su “modelo bello y motivador […] el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, […] el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior”. Por eso el Papa Francisco tomó su nombre “por guía e inspiración” en el momento de su elección para obispo de Roma (LS 10).
-          En segundo lugar, San Francisco es también quien con “su testimonio nos muestra que una ecología integral requiere apertura para categorías que trascienden el lenguaje de las ciencias exactas o de la biología y nos ponen en contacto con la esencia del ser humano” (LS 11). Estas líneas expresan la convicción del Papa Francisco de que “no habrá una nueva relación con la naturaleza, sin un ser humano nuevo” (LS 118). Y en la EG, al dirigirse a los cristianos recuerda que, como San Francisco de Asís, todos, pequeños pero fuertes en el amor de Dios, estamos llamados a cuidar de la fragilidad del pueblo y del mundo en que vivimos (LS 216).

3.       Laudato Si’: La Ecología integral.
Durante el Primer Encuentro Mundial de los Movimientos Populares realizado en Roma (2014), el Papa anunció que estaba preparando una encíclica sobre Ecología, y afirmaba: “tengan la seguridad que sus preocupaciones estarán presentes en ella”. De hecho, aunque en la Encíclica Laudato Si’ no mencione explícitamente a los “tres T” (Tierra, Techo y Trabajo), reivindicaciones de los campesinos, indígenas y trabajadores que el Papa los asume también como suyos, esa carta se caracteriza precisamente por vincular (integrar), por primera vez, el “clamor de los pobres” al “clamor de la tierra” (LS 49), pues, así como no hay separación entre naturaleza y sociedad, así también, “no hay dos crisis separadas sino una sola y compleja crisis socio-ambiental” (LS 139).
El concepto de “ecología integral” Francisco lo desarrolla en el capítulo IV de la Encíclica (LS 137-162). Para L. Boff, este concepto en la que llama de “eco-encíclica del Papa”, es “la gran novedad de la Laudato Si’. Ni la ONU produjo un texto de esta naturaleza” (IHU-Adital 18 de junio 2015). “Nada de este mundo nos resulta indiferente” (LS 3). Así encabeza el Papa Francisco los números que explican los destinatarios y las motivaciones para escribir la Encíclica Laudato Si’. Esta frase llama a la mente otra muy semejante y de larga historia: “Nada humano me es ajeno”, una cita de Terencio, escritor humanista romano, del siglo II a.C., frecuentemente utilizada por pensadores humanistas a lo largo de la historia, desde Cícero, Seneca y San Agustín, pasando por Marx en el siglo XIX, hasta Miguel de Unamuno en el siglo XX. Esa misma frase, levemente modificada, fue también utilizada por el Concilio Vaticano II al inicio de la Constitución Pastoral Gaudium et Spes (GS 1). Además, ese párrafo concluye diciendo que “la Iglesia […] se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia”. Se puede decir que, por tercera vez, se afirmaba la centralidad del ser humano concreto, o sea, con toda su historia, “sobre todo de los pobres y de cuantos sufren”, a quienes promete la solidaridad de los discípulos de Cristo y de su Iglesia. 

a)       Interés por resolver las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad. Vimos que en la Evangelii Gaudium Francisco da un paso cualitativo hacia adelante en relación a todo el magisterio social de la iglesia anterior. No apenas denuncia los efectos del modelo de desarrollo capitalista (Rerum Novarum de León XIII y Populorum Progressio de Pablo VI) o los efectos de la injusticia (Pace in Terris de Juan XXIII), sino que se interesa también por la necesidad de que sean resueltas las causas estructurales de la pobreza y de la desigualdad social (Elizalde 2016). Encuentra esas causas en la idolatría del dinero y en el mercado absolutizado y divinizado, con su ética ideologizada, de rechazo a Dios y sometida al sistema económico imperante actualmente (EG 56-57 y 202), sistema ese que se define como “capitalismo de mercado neoliberal y globalizado” (Carrera y Puig 2017, 29), y se caracteriza por el consumo compulsivo y por la exclusión.

b)       Nada nos resulta indiferente. Cuando afirma en la Laudato Si’ que “nada de este mundo nos resulta indiferente”, Francisco llama la atención a la relación de interdependencia universal de los seres humanos entre si y también de los seres humanos con la naturaleza. Más que nunca en la historia humana se ha hecho tan urgente y fundamental la toma de consciencia de la interdependencia de la especie humana en su relación con las otras especies y seres vivos del planeta. La consciencia de que todos formamos parte del mismo sistema vida que compartimos; de que “cada una de las creaturas, especialmente las vivientes, tiene un valor en sí misma, de existencia, de vida, de belleza y de interdependencia con las demás creaturas” (Francisco 2015c).
La gran novedad de la Laudato Si’ dentro de la enseñanza del magisterio eclesial es precisamente ese concepto de ecología integral, el primer documento del Magisterio a concebir la realidad humana y planetaria como un todo inseparable e interconectado, lo que implica entender que ofender la Tierra es ofender al ser humano que también es Tierra (cf. Génesis). El concepto de ecología integral supone también una visión sistémica sobre el modo como la humanidad actualmente habita la Casa Común, una visión que es consciente de la interconexión entre la economía, la política, la educación, la ciencia y de esas con la ética. Esa visión, según L. Boff, es absolutamente nueva en los discursos del magisterio, todavía rehén del viejo paradigma que separaba, dicotomizaba, atomizaba y dividía la realidad en compartimentos (Boff 2015b). Francisco, en cambio, alerta contra la aparente conexión del mundo contemporáneo (i.e. globalización neoliberal) que esconde fragmentaciones y confrontamientos por intereses individualistas:
El mundo contemporáneo, aparentemente conexo, experimenta una creciente y sostenida fragmentación social que pone en riesgo todo fundamento de la vida social y por lo tanto termina con enfrentarnos unos con otros para preservar los propios intereses. (Francisco 2015c)

c)       Recepción de la Laudato Si’ por los Movimientos Populares. En el discurso de inauguración del Segundo Encuentro Mundial de los Movimientos Populares realizado en Santa Cruz, los días 7 al 9 de julio de 2015, el presidente de Bolivia, Evo Morales, dice tener “enormes coincidencias” con el Papa en cuanto a las políticas económicas y sociales. Coincidencias sobre el tema del capitalismo, sobre el medio ambiente, sobre el vivir bien, una referencia a la política ancestral andina del “buen vivir”[12]. Comenta con satisfacción que, como presidente y como dirigente social, nunca antes pudo sentir que un Papa podía acompañarlos con “sus mensajes de justicia y paz, pero de paz con justicia social” (Morsolin 2015).
Al concluir ese Segundo Encuentro, los delegados entregaron al Papa y al primer mandatario de Bolivia un documento final conocido como la Carta de Santa Cruz[13]. El encabezado de las diez líneas de acción de esa Carta, que en gran medida representan la recepción por los movimientos populares tanto de la Evangelii Gaudium como de la carta Laudato Si’, fueron los siguientes: 1. Impulsar y profundizar el proceso de cambio; 2. Vivir bien en armonía con la Madre Tierra; 3. Defender el trabajo digno; 4. Mejorar nuestros barrios y construir viviendas dignas; 5. Defender la Tierra y la soberanía alimentaria; 6. Construir la paz y la cultura del encuentro; 7. Combatir la discriminación; 8. Promover la libertad de expresión; 9. Poner la ciencia y tecnología al servicio de los pueblos; 10. Rechazamos el consumismo y defendemos la solidaridad como proyecto de vida.
Este verdadero decálogo de compromisos asumidos por los movimientos populares para la construcción de una nueva sociedad, donde la primacía del ser humano sea restablecida frente al ídolo del dinero y del mercado, es precedido por el siguiente texto introductorio que hace eco al clamor de los pobres y al clamor de la tierra:
“Las organizaciones sociales reunidas en el Segundo Encuentro Mundial de Movimientos Populares, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, durante los días 7, 8 y 9 de julio de 2015, coincidimos con el Papa Francisco en que la problemática social y ambiental emergen como dos caras de la misma moneda. Un sistema que no puede brindar tierra, techo y trabajo para todos, que socava la paz entre las personas y amenaza la propia subsistencia de la Madre Tierra, no puede seguir rigiendo el destino del planeta. Debemos superar un modelo social, político, económico y cultural donde el mercado y el dinero se han convertido en el eje regulador de las relaciones humanas en todos los niveles. Nuestro grito, el de los más postergados y marginados, obliga a que los poderosos comprendan que así, no se puede seguir. Los pobres del mundo se han levantado contra la exclusión social que sufren día a día. No queremos explotar ni ser explotados. No queremos excluir ni ser excluidos. Queremos construir un modo de vida en el que la dignidad se alce por encima de todas las cosas.
Es fácil percibir por qué, para Francisco, los movimientos populares y sociales son uno de sus principales interlocutores, si no tal vez el más importante de todos, para el cambio que “todos queremos y necesitamos”: de estructuras, del sistema de exclusión social y de destrucción ambiental, para que la vida de toda la humanidad sea digna. Los llama a los movimientos populares de “sembradores de ese cambio”, de “poetas sociales”, por considerarlos “promotores de un proceso en el que confluyen millones de acciones grandes y pequeñas, encadenadas creativamente[14] como en la poesía.” (Francisco 2016b).

CONCLUSIÓN: La “Iglesia en salida” de Francisco es Iglesia en salida de los marcos de la Cristiandad
Al concluir esas líneas, regresemos a Buenos Aires con el P. Carlos de la Iglesia de Santa Cruz que, cuando supo la noticia de la elección de su obispo como papa Francisco intuía que él podría llevar la curia romana cuatro signos a nuestra iglesia que ha vivido tan ajena a nuestros tiempos: 
-          Saludar a la gente con un “buenas noches” y concluir con un “que descansen”, algo muy básico en las relaciones humanas, ¡parece poco pero ya es mucho a una iglesia como la nuestra que se ha des-humanizado tanto! Por eso creía que Francisco podría traer más humanidad a esa curia tan alejada de la realidad.
-          La otra señal era la manera como el Papa se presentaba como obispo de Roma, un detalle que tampoco era un “dato menor”. Significaba que su deseo era dar continuidad al modelo de Iglesia más colegiada, de responsabilidades compartidas y de gobierno descentralizado como pedía el Vaticano II; en palabras de Francisco era señal de una Iglesia no autorreferencial, etc. Por eso para P. Bonavia y P. Dabezies, la Evangelii Gaudium de Francisco “es el primer documento de un obispo de Roma que se sitúa fuera de los marcos de la cristiandad” (Dabezeis 2015, 85).
-          La tercera señal fue adoptar el nombre de Francisco, que en la conciencia de la Iglesia y de todo el mundo, Francisco de Asís es un ejemplo por excelencia del cuidado por la creación de Dios y de la opción por la centralidad de los más pobres y excluidos de la sociedad. Significa una nueva vuelta a lo simple, a lo profundo y desafiante del Evangelio, el intento de la Iglesia de sintonizarse con el mundo de hoy a partir de la sensibilidad de oír a la vez el grito de la tierra y el grito de los pobres.
-          Por último, el pedido de que la gente lo bendiga, antes que él propio diera su bendición, para el P. Carlos era señal de un claro diálogo entre él y la gente ahí reunida. Antes de ese intercambio de bendiciones, el recién inaugurado Papa hablaba de que lo esencial de la Buena Nueva de Jesús era la Fraternidad Universal.
Tal vez el sermón de esa noche haya sido uno de los más cortos de su vida. Tendría tiempo para elaborar, en sus futuros sermones, discursos, mensajes y documentos, el sentido originario de esa fraternidad universal inspirada en la Buena Nueva de Jesús de Nazareth y en el ejemplo de San Francisco[15], “testigo de la auténtica pobreza” (Francisco 2017). El evangelio de la fraternidad universal, no excluye nada ni a nadie de todos (as) los(as) que compartimos la misma Casa Común, al tiempo que deja explícita su preferencia por los pobres, los excluidos, los refugiados, los migrantes, los descartados de la sociedad de consumo actual, los condenados … “la lista inacabable y cruel [que] nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada” (Francisco 2017).
En los Encuentros Mundiales de los Movimientos Populares, a quienes garantiza su adhesión y solidaridad en sus luchas por el cambio social; en las Jornadas Mundiales de la Juventud, con quienes reflexiona sobre “la fuerza revolucionaria de las Bienaventuranzas”, en la Primera Jornada Mundial de los Pobres, donde hace una “invitación dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para compartir con los pobres cualquier acción de solidaridad como signo concreto de fraternidad; [pues] Dios creó el cielo y la tierra para todos”. Así como en varios de sus pronunciamientos y escritos, Francisco pretende “entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común” (LS 3), donde gritan por misericordia los pobres y la propia casa donde todos habitamos, víctima ambos de la misma tiranía de una economía sin rostro y sin corazón.
Movidos por el ejemplo del Papa Francisco, los franciscanos y franciscanas de Brasil realizaron a principios de agosto de 2017 un “encuentro histórico” nacional durante el cual hicieron público la Carta de Aparecida (Lopes, 2017) en la que convocan a “todos” para “participar de la reconstrucción de la Iglesia con el Papa Francisco y reconstruir el Brasil en ruinas.” Continúa el documento en el que se hace evidente la recepción de la EG y de la LS por la familia franciscana de Brasil:
“La realidad ecológica y socio-político-económica de nuestro país nos exige un compromiso profético de denuncia y anuncio. Asistimos, tomados de ira sagrada, a la violación de los derechos conquistados, a través de muchos esfuerzos, empeños y articulaciones del pueblo brasileño. Por eso, no podemos dejar de comprometernos junto a los movimientos sociales a la lucha ‘por ningún derecho a menos’, contra los golpes, reformas retrógradas y abusivas conducidas por un gobierno ilegítimo, un parlamento divorciado de los intereses de la población, y una justicia que se ha revelado estar fuera de los parámetros de la equidad que, en lugar de fortalecer el papel del Estado para atender a las necesidades y los derechos de los más fragilizados, favorece a los intereses del gran capital (Lopes, 2017).
En la Iglesia en salida de los marcos de la Cristiandad, la Buena Noticia de Jesús no es apenas un mensaje religioso que debe ser complementado por una acción en el campo social. Es la experiencia del amor gratuito de Dios y su Espíritu que actúa en todo lugar y en todos los espacios fecundando la Vida, que nos invita a todos y a nuestra Iglesia a testimoniar ese amor gratuito especialmente donde las leyes sociales, económicas o religiosas oprimen a las personas o explotan a la naturaleza.

Autor
Nacido en São José dos Campos, Brasil, 1951. Miembro de CEHILA (Comisión de Estudios de Historia de la Iglesia en América Latina) y de Amerindia (www.amerindiaenlared.org). Autor de “Paolo Sarpi, ‘O Servita’. Herege ou santo?”, En: Revista Eclesiástica Brasileira (REB) Vol. 75, n. 299, Jul/Ago 2015, pp. 637-757; y Conquista y Conciencia Cristiana. El Pensamiento Indigenista y Jurídico-Teológico de Don Vasco de Quiroga (+1565), Abya-Yala-CENAMI-MLAL, Quito-México, 1990 y 1992. Dirección postal: 8901 Laurel Grove Drive, Austin, Texas 78758, USA, Email: taihupara@hotmail.com.

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Trejo, M. y Hermano, R. (orgs.) (2015): La Reforma de la Iglesia en tiempos de discernimiento. Riesgos, posibilidades y esperanza. Ecclesia semper reformanda. Montevideo, Amerindia.
Valentini, D. (2015): “Prefacio” En: Trejo M. y Hermano R. (orgs.), (2015): La Reforma de la Iglesia en tiempos de discernimiento. Riesgos, posibilidades y esperanza. Ecclesia semper reformanda, Montevideo, Ediciones Amerindia.
Vidal, J. M. (2017): La pobreza crece, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados.  http://amerindiaenlared.org/biblioteca/10951/francisco-la-pobreza-crece-mientras-emerge-cada-vez-mas-la-riqueza-descarada-que-se-acumula-en-las-manos-de-unos-pocos-privilegiados (último acceso 17 junio 2017).




[1] “Comisión para el Estudio de la Historia de las Iglesias en América Latina y el Caribe”. http://www.cehila.org. 
[2] “Amerindia es una red de católicos de las Américas con espíritu ecuménico y abierta al diálogo y a la cooperación interreligiosa con otras instituciones”. http://www.amerindiaenlared.org
[3] F. Hinkelammert, H. Assmann, Jung Mo Sung, E. Dussel, P. Richard y otros.
[4] En esa parroquia tuvo lugar uno de los episodios más siniestros del terrorismo de estado implantado en el país por el régimen militar, cuando el 8 de diciembre de 1977, fueron secuestrados 9 familiares de “desaparecidos”, entre ellos la fundadora de Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor y dos religiosas francesas Alice Dumon y Léonie Duquet, quienes después de torturados fueron arrojados al mar con vida en los conocidos “vuelos de la muerte”. La iglesia alberga los restos de cuatro de ellos. https://es.wikipedia.org/wiki/Iglesia_de_la_Santa_Cruz_(San_Crist%C3%B3bal). (Último acceso 22 septiembre 2017)
[5] No se olvida el P. Carlos los hechos controvertidos en torno a la prisión y desaparecimiento, en tiempos de la dictadura, de dos de sus hermanos sacerdotes jesuitas, Orlando Yorio y Francisco Jálics, que trabajaban en el barrio Flores, una villa miseria de esa misma capital, “un tramo de su historia que no quedó suficientemente aclarado”. Se convence de no haber ningún vínculo que lo relacione con la dictadura, al leer la opinión de Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz en 1980 por su acción en defensa de los derechos humanos en América Latina.
[6] Leonardo Boff es también autor de la clásica obra: San Francisco de Asís. Ternura y vigor. Para él, Francisco de Asís es la “necesaria referencia a un cristianismo despojado, alegre, reconciliado con las sombras y confraternizado con todos los seres”, características que, evidentemente, las encuentra ahora en la eclesiología y en la práctica del papa Francisco.
[7] Por primera vez veo, con alegría, el nombre de M. Lutero incluido entre los santos reformadores de la Iglesia en un texto escrito por un obispo católico romano. 
[8] La pintura de Pasquale Cati titulado: Il Concilio di Trento e il trionfo del papato sull’Eresia es quizás una de las más bellas representaciones artísticas del triunfalismo eclesiástico centrado en la persona del papa. https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/e6/Council_of_Trent_by_Pasquale_Cati.jpg. (Último acceso: 18 de agosto, 2017).
[9] Francisco, 17 de enero de 2014.
[10] En adelante sigo de cerca la lectura de Mo Sung 2014 y al artículo de Hinkelammert 2015.
[11] Citado por Hinkelammert, F. (2015), p. 35. [„Die Kritik der Religion endet mit der Lehre, dass der Mensch das höchste Wesen für den Menschen sei, also mit dem categorischen Imperativ, alle Verhältnisse umzuwerfen, in denen der Mensch ein erniedrigtes, ein geknechtetes, ein verlassenes, ein verächtliches Wesen ist“]. El subrayado en itálico es del texto original.
[12] La bibliografía sobre Sumak Kawsay y conceptos afines en otras culturas ancestrales es ya extenso. Me remito aquí, a título de ejemplo, al artículo de François Houtart (2017), sociólogo de la religión belga recientemente fallecido en el Ecuador.
[14] Referencia al sentido etimológico de la palabra poesía, del griego “poiesis”, que significa traer a la existencia algo antes no existente.
[15] Sobre San Francisco de Asís, el Papa Francisco y Helder Cámara como hombres universales, recomiendo los textos de Eduardo Hoornaert (2015): “Papa Francisco, um homem universal” y (2014): “Helder Cámara, um homem universal”.

domingo, 12 de noviembre de 2017

Religiosidad popular cuestionada

¡ FÁTIMA  NUNCA  MÁS !  Mário  de  Oliveira

Este texto es un extracto del libro del mismo título que fue publicado en Portugal en abril de 1999
por la Editora Campo das letras (campo.letras@mail.telepac.pt) y consiguió 8 ediciones en 12 meses.
Sus argumentaciones se comprenden mejor desde la lectura completa de la obra.
El libro puede ser solicitado a: Jornal Fraternizar (fraternizar@mail.telepac.pt)

I. DIOSES CONTRA DIOS
En Fátima, como en cualquier otro Santuario o templo, no basta con invocar a Dios, para concluir que estamos frente a una manifestación de fe. Por lo menos de fe cristiana. Cuando mucho, estamos ante una manifestación religiosa, lo que no es lo mismo. De hecho el cristianismo, en sus inicios, ni siquiera quiso aparecer como una religión. Los textos fundantes del Nuevo Testamento, no nos hablan de una nueva religión, sino de una vía o de un camino. Vía o camino que nos ha de llevar, más que a Dios, al encuentro del otro, de los otros, al encuentro de aquellos que no son de nuestra misma "carne y sangre", y hasta al encuentro de aquellos a los cuales tenemos como enemigos. Para que entre nosotros y ellos, entre todos y entre todas, se establezca progresivamente, una relación de fraternidad. Pues solamente cuando esta relación de fraternidad es efectiva, es cuando Dios es honrado y venerado, y la fe cristiana se convierte en un acontecimiento verdadero. "No todo el que me diga 'Señor, Señor' entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial" (Mt, 7,21). El Evangelio es así. No admite fugas, que quizás se presenten como muy religiosas, pero que también son muy alienantes, muy deshumanizadoras y muy poco fraternas.
En Fátima, como en cualquier otro santuario o templo, es necesario interrogarnos con humildad pero sin descanso, si es Dios el que está siendo invocado y venerado. ¿Cuál Dios es el que atrae y convoca a las personas allí reunidas? Porque, al contrario de lo que realmente se piensa, no hay un único Dios. Siempre hubo a través de los tiempos, muchos dioses. Y la dificultad en poder discernir, entre tantos dioses, cuál es el verdadero, cuál es aquel que progresivamente nos humaniza y nos fraterniza (aquel que es buena noticia para los seres humanos), siempre fue muy grande. Hoy parece que esta dificultad es aún mayor que en el pasado. Porque los dioses son muchos, y cada vez se presentan más atrayentes y seductores.
Sabemos que Caín, por ejemplo, en los albores de la humanidad -la primera carta de Juan lo recuerda en los albores del cristianismo- según reza el mito bíblico del Génesis 4, 1-16, también invocaba a Dios, cumplía con todos los ritos religiosos, practicaba regularmente la liturgia de su época. Pero sin embargo, todo esto no le impidió, con la mayor de las calmas y con la más tranquila conciencia, matar a su hermano Abel. El dios al cual él invocaba y veneraba y al que ofrecía generosamente las primicias de su cosecha, no era incompatible con el acto fratricida. Por el contrario, él mismo se lo habría sugerido e inspirado, en algún momento del culto.
Está narración no fue escrita con el fin de entretenernos, sino para edificarnos. Para que estemos alertas, para ayudarnos a discernir. Para que revelarnos que no alcanza con admitir la existencia de Dios, ser deísta, ser religioso, frecuentar actos de culto a determinadas horas y en locales considerados sagrados, para que seamos automáticamente varones y mujeres humanos, humanizados, fraternos, en una palabra: cristianos. Podemos hacer todo eso y mucho más, como por ejemplo: contribuir con holgadas ofrendas para la construcción de templos y de santuarios, hacer difíciles y dolorosas promesas, y cumplirlas escrupulosamente, tener hasta una buena relación con los sacerdotes de las múltiples religiones que entre nosotros existen y, al mismo tiempo, alimentar sentimientos de odio y de venganza, de celos y de muerte contra el otro, y contra los otros. Y lo que es aún peor, podemos hasta pasar de los sentimientos a los hechos, y matar al otro, a “los enemigos”, a los que no piensan como nosotros, los que no son de nuestra religión, los que no aceptan “jugar nuestro juego”... Y todo esto, sin la necesidad de inquietar nuestra conciencia; al contrario, con todo el sentimiento del deber cumplido, con la calma de quien piensa que es así como se es verdaderamente una persona religiosa.
Escribir y decir estas cosas, puede ser eventualmente impactante para mucha personas, sean éstas creyentes en dios, o ateas. Pero no debería serlo, por lo menos, para los cristianos y las cristianas y sus respectivas iglesias. El cristianismo, que en sus inicios, nunca quiso ser una religión más, entre las múltiples existentes en el imperio romano, sino un camino hacia al encuentro del otro, de los otros, incluso de aquellos que una cierta educación cívica y religiosa los define como enemigos nuestros, para que con todos y con todas hagamos juntos el descubrimiento y la experiencia de la fraternidad y de la comunión cada vez mayor, el cristianismo nació, como se sabe, de la revelación definitiva y más radicalmente liberadora de la humanidad, y también de la revelación más humanizante y fraternizadora.
Jesús de Nazaret, reconocido y proclamado por los primeros adherentes y seguidores como el Cristo, lo fue por fuerza de la resurrección que inesperadamente para ellos sucedió. Él había sido, hasta la resurrección, el más odiado de los hombres; condenado a muerte como blasfemo y subversivo y ejecutado en la cruz. Ahora bien, quien está por detrás del crimen mayor de la historia de la humanidad, quienes conducen el proceso hasta su consumación, son hombres religiosos, profundamente creyentes en Dios, puestos al frente de la institución religiosa más sagrada. Y cuando los príncipes de los sacerdotes y el sanedrín procedieron, junto a los teólogos del templo, lo hicieron con la convicción de que, de esa manera daban gloria a Dios, al Dios que rendían culto y adoraban en el grandioso templo de Jerusalén. Tal es así, que después de cometer tan horrendo crimen, continuaron, con sus conciencias tranquilas, frecuentando el templo y promoviendo el culto en honor a su Dios, en los días y a las horas exactas.
¿Pero qué paso con Jesús de Nazaret, llamado el Cristo? Se convirtió, por lo menos para los cristianos y las cristianas, y para sus respectivas iglesias, en el acontecimiento más revelador de la Historia, la Luz que ilumina a todo ser humano que nace en este mundo. Es el nuevo y definitivo Big-Bang de la creación de la humanidad y del mundo nuevo. Lo nuevo y definitivo comenzó. En Él y con Él la Humanidad nació de nuevo, nació definitivamente fraterna y solidaria.
Sabemos por esto, y de manera definitiva a partir de Jesús crucificado a quien el Padre resucitó, que de hecho, Dios nunca fue una realidad unívoca. Hay muchos dioses. Está Dios y están los dioses. Y hay una lucha de los dioses contra Dios.
-          Hay dioses altamente peligrosos, asesinos y opresores, que no se sienten bien sin víctimas inocentes, cuya sangre reclaman insaciablemente. Dioses sádicos que devoran a sus adoradores esclavizándolos y degradándolos. En una palabra dioses que hacen que las personas se deshumanicen y que lleguen incluso a matar. Así es como ellos son, y como hacen que sean sus adoradores, que suelen ser muy religiosos, como Caín, pero también asesinos como él. Suelen ser a imagen y semejanza de los dioses que invocan y rinden culto.
-          Y está el Dios de las víctimas, él mismo víctima de los dioses todo poderosos y asesinos, El que resucitó a Jesús de entre los muertos; éste es el Dios de Jesús y el Dios de los hombres y de las mujeres que prosiguen su Causa (cristianos, cristianas, y todas las personas de buena voluntad), el Dios vivo que vive y que hace vivir. El Dios que no quiere otro culto que no sea la promoción de la vida, y la vida en abundancia para todos, El Dios que no sólo no quiere víctimas ni genera víctimas, sino que además trabaja siempre para bajarlas de la cruz. El Dios que se manifiesta en el mirar y en el cuerpo de las víctimas de la historia, a partir de las cuales lanza la pregunta más perturbadora y desafiante, también la pregunta que potencialmente genera más fraternidad, dirigida a todos los que lo invocan como lo hizo Caín, pero que al mismo tiempo matan a sus hermanos: “¿Dónde está tu hermano?”, ¿qué hiciste con tu hermano?, o esta actualización de la misma pregunta: “¿Por qué me persigues?” (Hch 9,4).

II. DEL DIOS DE FÁTIMA, LÍBRANOS, SEÑOR
Dos niños que mueren y una tercera que sobrevive pero es separada de su tierra e impedida para siempre de llevar una vida como las de otras personas (primero, la internaron, secretamente, en el Asilo de Vilar, en Oporto y, después, la mandaron a España y la convirtieron en una monja enclaustrada para el resto de su vida, situación que, luego de 76 años de los acontecimientos de 1917, ¡aún continúa!), he ahí el principal balance de las llamadas "apariciones de Fátima". Probablemente, nunca nadie en la Iglesia Católica se atrevió a mirar las apariciones desde este ángulo.
Que no piense nadie que escribimos esto para unirnos a los llamados “enemigos” de Fátima. Lo que nos mueve es la fidelidad al Evangelio y al Dios de Jesús, a quien María de Nazaret cantó mejor que nadie como libertador y salvador de la humanidad, particularmente, de los pobres y excluidos. La lectura que hicimos del libro más importante sobre Fátima, Memorias de la hermana Lucía, nos obliga a ello. Porque el Dios que allí se anuncia y revela no tiene nada que ver con el Dios revelado en Jesús de Nazaret. Se relaciona más bien con un Dios sanguinario, que se complace en el sufrimiento de inocentes, un Dios creador de infiernos para castigar a quienes dejan de ir a misa los domingos, o dicen palabras desagradables, un Dios incluso peor que algunas de sus criaturas.
A los lectores y lectoras les pedimos que, en vez de escandalizarse, traten de leer también el libro de la Hermana Lucía. Porque, si lo hacen, a la luz del Evangelio de Jesús, acabarán, probablemente, orando junto con nosotros: “Del Dios de Fátima, ¡líbranos, Señor!”.

1.       Ambiente de terror
El libro de Lucía nos hace retroceder en el tiempo y sumergirnos en el ambiente religioso y eclesiástico en que tuvieron que vivir los niños de Fátima, alrededor de 1917. Eran los tiempos de la Primera Guerra Mundial. Pero el terror que se respiraba, sobre todo en los medios populares y rurales, no venía de ahí. La catequesis familiar y parroquial, así como las predicaciones dominicales y otras, entonces muy recurrentes, constituían un género de terror no menos intenso y, también, no menos nefasto y criminal. Porque incidía sobre la conciencia de las personas, especialmente de los niños, pequeños seres indefensos y cargados de sensibilidad, dispuestos a creer en todo lo que les dicen los adultos, padres y madres, y también obispos y párrocos, cuya palabra era, míticamente, escuchada y atendida, como si fuese la voluntad de Dios presente en medio del pueblo. (El libro de Lucía muestra hasta la saciedad, que ella misma, incluso hoy, tantos años después, se mantiene en esta visión mítica de la realidad, también de la realidad eclesial, aunque tal visión sea totalmente ajena al mensaje liberador del Evangelio). Jacinta y Francisco, además de Lucía, respiraron un ambiente así. El libro no deja dudas, para quien sepa leer entre líneas, críticamente, sin dejarse envolver por el misticismo religioso, casi patológico, en que está escrito.
Se percibe muy bien que el terror es una constante en las vidas de estos tres niños. Vivían atribulados por el pecado, con el infierno y con los pecadores que se van, por montones, al infierno. Todo era pecado para ellos. Hasta darle un beso a otro niño en el juego de las prendas. Dar un beso, para Jacinta, por ejemplo, sólo es posible a Nuestro Señor, en la imagen del Crucificado. Como si otro niño o niña, compañero de juegos, no fuese mucho más imagen de él, sino sólo ocasión de pecado. (¿Quién instigó una visión tan moralista en la pequeña y angelical Jacinta? ¿Qué satánica catequesis le distorsionó tan gravemente la mirada? ¿Quién le arrebató, tan tempranamente, la naturalidad?).
En ese contexto, todo puede llevar al infierno. Dios, a los ojos de estos niños, está tan cansado de los pecados de sus criaturas humanas, que su ira está a punto de rebasar los límites, lo cual no sucederá si ellas aceptan sufrir-sufrir-sufrir, hacer toda clase de sacrificios por amor a Él y por la conversión de los pecadores y, al mismo tiempo, rezar muchos rosarios.
Como no podía ser de otro modo, los niños que reciben toda esta información (sensibles e indefensos como sólo ellos son) sufren, lloran, tienen dolor por Nuestro Señor. Y comienzan a pensar en ofrecerse como víctimas, hasta la muerte, para desagraviar a Dios y, de alguna manera, forzarlo a perdonar a los pecadores. Quedan completamente poseídos por una mística de la muerte, una mística sacrificial, que habla más bien de un Dios que se alimenta de gente, en vez de una mística de vida, la única que el Dios de Jesús puede inspirar a sus hijos e hijas, ya que Él mismo es un Dios que trabaja continuamente para que todos tengamos vida y vida en abundancia.

2.       Verdadera tortura
Vivir en un clima de una religiosidad así se volvió una verdadera tortura. Por lo menos, para estos niños aterrorizados, que siempre toman todo en serio. Se volvió también un riesgo terrible. El riesgo de llegar a ser condenados al infierno. Bastaba con cometer algún pecado. Y el pecado, para ellos era, por ejemplo, decir palabras feas o hacer pequeñas travesuras. Lo suficiente para ser condenados al infierno, descrito por ellos mismos con imágenes sumamente terroríficas. Nunca más, entonces, estos niños pudieron sentir la voluntad y la disposición de hacer sacrificios por los pecadores. El infierno era, finalmente, la gran amenaza para todos y lo que con mayor probabilidad podía sucederle a cualquiera. Y, para los pecadores, más que amenaza era ya una certeza. En un clima así, de religiosidad verdaderamente despojada de Evangelio, peor aún, contra el Evangelio, no es de extrañar que el deseo mayor de estos niños fuese el de ir al cielo porque ésa sería la única manera de no caer en el infierno, donde quien cae queda, para siempre, ardiendo en el inmenso horno de fuego en compañía de los animales más asquerosos y horrendos. Por lo que cuenta Lucía, en este libro, los dos hermanos, Jacinta y Francisco, vivían aterrorizados por el infierno. Era lo más natural. La madre, en las frecuentes catequesis familiares que les administraba, exageraba bien los colores del terror. Y los predicadores de las misiones parroquiales que seguían, con fidelidad, el libro Misión Abreviada, no se quedaban atrás. Por eso es que, en un ambiente así, de verdadero terror teológico, lo que más espanta y escandaliza a quien hoy busca ser discípulo de Jesús y dejarse conducir por los valores de su Evangelio liberador, es que aquella Señora la que los niños dicen que vieron y escucharon los días 13 de los meses de mayo octubre de 1917, a pesar de decir que venía del cielo, es decir, de Dios, no haya aparecido para liberarlos del miedo y convidarles la alegría de vivir. Por el contrario, comienza por anunciarles, a los dos más pequeños y también más aterrorizados, que en breve les llevaría al cielo, una manera eufemística de decirles que iban a morir antes de tiempo.

3.       Catequesis terrorista
En lugar de la buena noticia liberadora de que Dios quiere que ellos vivan y vivan en abundancia, les anuncia que pronto van a morir. En el fondo, se limita a reproducir y legitimar la catequesis terrorista y negadora del Evangelio que los niños constantemente escuchaban en su casa y en la parroquia.
Pero lo más chocante todavía estaba por venir: la aparición en la que, en julio, durante el diálogo que mantiene con ellos, les muestra a los tres niños el infierno y la impresión que les causa es tal, sobre todo en Jacinta y Francisco, que bien podría decirse que los dos hermanitos, de tierna edad y de salud manifiestamente debilitada, nunca se repusieron de esta visión terrorífica y acabaron por morirse del susto, además de la fragilidad que, por otra parte, se apoderó irreversiblemente de sus cuerpos, una vez que tanto ella como él, desde entonces, nunca más consiguieron ser niños como los demás, ni lograron jugar relajadamente, ni encararon la vida como niños saludables (Francisco, por ejemplo, hasta dejó de ir a la escuela, y en vez de eso, prefería esconderse en la iglesia ¡a rezar por los pecadores!) y nunca más se alimentaron bien.
En todos los momentos, a partir de aquel día, la visión del infierno persiguió a los dos niños, aterrorizándolos, obligándolos a rezar por los pecadores, y forzándolos a hacer sacrificios por la conversión de los pecadores. El libro de las Memorias de Lucía da testimonio de que los dos hermanitos eran capaces de pasar días enteros sin comer, daban su merienda a las ovejas, no bebían ni gota de agua en pleno mes de agosto, andaban todo el día, e incluso durante la noche, con una cuerda amarrada permanentemente a la cintura, hasta sangrarse.

4.       Masoquismo religioso
Con estas actitudes, cargadas de masoquismo religioso y sacrificial, pretendían -con una ingenuidad e inocencia sobrecogedoras y de las que personalmente no eran responsables sino víctimas- consolar a Nuestro Señor y al Papa (la preocupación por el Papa surgió después de que, en cierta ocasión, un sacerdote les habló de él y les informó que estaba siendo perseguido por los “enemigos” de la Iglesia).
Se llegó, sí, a la inversión total de la Buena Noticia que es la revelación de Dios en la Historia de la Humanidad y que culminó en Jesús de Nazaret, la mayor y más liberadora Buena Noticia que los empobrecidos del mundo y todos los que, oficialmente, son tenidos como pecadores, alguna vez pudieron oír.
En este caso de Fátima, en vez de que Dios sea aquel que viene como compañero y padre con corazón de madre, a consolar a los niños y liberarlos del terror y del sufrimiento en que una catequesis sacrificial y sádica los había condenado a vivir, son los niños quienes lo consuelan y se autoinmolan para conseguir que Él, a la vista del sufrimiento de ellos, víctimas inocentes, contenga su ira y desista de llegar actuar contra las criaturas humanas y pecadoras. En otras palabras: ellos se reducen para que Él crezca, en una liturgia típicamente sacrificial, pero también verdaderamente repugnante, que, cuando sucede, es siempre un insulto al Dios de Jesús y, simultáneamente, una de las causas principales que explican el crecimiento del ateísmo en el mundo.

5.       Urge evangelizar a Fátima
Puede, pues, decirse que el libro Las memorias de la Hermana Lucía -donde ella escribe todo lo que recuerda de sus tiempos infantiles, en Fátima, escrito por obediencia a algunos hombres de la Iglesia que, extrañamente, se atribuyen una tal autoridad sobre ella, porque incluso le dieron órdenes terminantes- contiene y vehicula una teología (reflexión sobre Dios) en las antípodas de la teología cristiana.
Se trata de una teología sobre un Dios que sigue siendo el Dios de mucha gente, pero que tiene que ver más bien con un ídolo devorador de pobres, bastante peor que algunas de sus criaturas, un Dios a imagen y semejanza de los verdugos que sólo calma su ira castigadora y destructiva con sangre, mucha sangre, de víctimas inocentes, un Dios justiciero, verdugo, sanguinario, un Dios contra el hombre y la mujer y sin entrañas de misericordia, tirano y déspota, un Dios intrínsecamente perverso, a quien es preciso apaciguar y cuyo brazo justiciero está presto a caer sobre la humanidad, cosa que no sucede aún porque, felizmente, tenemos junto a Él a una criatura, la más santa de todas y, por lo que parece, más misericordiosa que Él, la Señora del Rosario que ha conseguido calmarlo.
Pero ella misma está a punto de no poder soportar más la ira y el odio de Él contra la humanidad y, por eso, decidió bajar del cielo a la tierra, más concretamente a Portugal, donde algunos años antes, por coincidencia, se instauró una República masónica y atea, para pedir a tres niños inocentes que la ayuden en esta ingente tarea.
“¿Queréis (les dijo, en su primera aparición) ofreceros a Dios, para soportar todos los sufrimientos que Él quiera enviaros, en acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?” Los niños, educados en una catequesis sacrificial y terrorista, dijeron que sí. Y, como ellos, mucha gente aún hoy le sigue diciendo lo mismo a ese Dios. Sólo quien no quiera ver puede ignorar que, en Fátima, el Dios más buscado por las personas que sufren dolencias y aflicciones de todo tipo, es un Dios así. Un Dios que nos espanta, que inspira miedo, que nos castiga, nos da y quita la vida, según el humor del momento. Un Dios que exige sacrificios humanos, que se complace en ver autoflagelarse a los pobres, en una inmolación que puede llegar hasta el límite de las fuerzas y de la vida. Un Dios en rebeldía hacia el Evangelio, con más de demonio que de Dios, quien desde los albores de la humanidad ha vivido en nuestro inconsciente colectivo, en donde, manifiestamente, aún no ha llegado la buena nueva liberadora de todo miedo, que es el Evangelio de Jesús.
La Iglesia Católica, que desde el principio ha administrado a Fátima, no ha sido capaz aún de evangelizarla. ¡Y vaya que es necesario! Por el contrario, se ha mostrado más interesada en aprovecharse sacrílegamente del fenómeno. Tal vez porque él, como dice la publicidad de la lotería, es fácil, barato y da millones. Y garantiza elevadas estadísticas, a la hora de contabilizar a los católicos portugueses, lo que da mucho más poder reivindicativo a la respectiva jerarquía, frente al poder establecido.
Ha llegado la hora de cambiar. Desde la raíz. ¿Es arriesgado? Sin duda. Pero también es imperioso y urgente. Está en juego el Nombre de Dios, del Dios revelado en Jesús de Nazaret. Está en juego la fe cristiana. Y, sobre todo, está en juego la humanidad, particularmente, la mayoría empobrecida y oprimida, también en nombre de un cierto Dios que, en Fátima, continúa dictando, impunemente, su ley sacrificial.
Los teólogos cristianos tienen, pues, una palabra que decir. Con lucidez y valor. Con discernimiento. En la lucha de los dioses en que vive la humanidad, la palabra de los teólogos es insustituible. Puede ser, para algunos, martirial, como ha sido para otros compañeros nuestros en América Latina. Pero no pueden dejar de hablar los teólogos. Tampoco las comunidades cristianas donde ellos se encuentran. Pactar, aunque sea con el silencio, es un pecado contra los pobres y contra el Espíritu Santo.

Y es que Dios, el Dios de Jesús, en vez de crear infiernos para los pecadores (¿y quién no lo es?), los acoge y come con ellos. Por pura gracia. En vez de hacer víctimas, los baja de la cruz. Y está empeñado, como creador que es, en hacer de esta tierra, aún con mucho de infierno, una nueva tierra, donde Él viva con nosotros y entre nosotros, para siempre, como Emmanuel. Y María, la madre de Jesús, lejos de andar por ahí pidiendo sacrificios y el rezo de muchos rosarios por la conversión de los pecadores, es la mayor poeta de este Dios totalmente ocupado en la liberación y salvación de la humanidad y empeñado en llevar a su término la creación del mundo, iniciada hace muchos millones de años. Una creación demorada, porque Él no la quiere hacer sin nosotros, sino junto con nosotros. Y también porque respeta infinitamente nuestra libertad sin jamás perder la paciencia, a pesar de los innumerables disparates que cometemos contra nosotros mismos, contra los demás y contra la Naturaleza que nos sirve de cuna. Y es así porque nos ama infinitamente. Pues ni siquiera puede hacer otra cosa.

Porto (Portugal).


Actualidad de la Iglesia ecuatoriana

I G L E S I A   E N   E C U A D O R :  Caminos  inconclusos.

Sucumbíos, Oct de 2017, PR.

CONTENIDO
-          Monseñor Leonidas Proaño marcó una ruptura positiva
-          Una Iglesia tradicionalmente conservadora
-          Pujanza de la Iglesia de los Pobres
-          El impacto evangélico y social del papa Francisco
-          Los signos de esperanza


La Iglesia del Ecuador camina con luces y sombras, teniendo dificultades para responder eficazmente a “los signos de los tiempos” y ser verdaderamente profética ante los desafíos actuales.

A.  Monseñor  Leonidas  PROAÑO  MARCÓ  UNA  RUPTURA  POSITIVA
                La Iglesia del Ecuador encontró en monseñor Leonidas Proaño, obispo de Riobamba (1954-1985) su mayor figura para aplicar el Concilio Vaticano 2° (1962-65) y las conclusiones de la Reuniones Episcopales Latinoamericanas.

1.       Antes de monseñor Proaño: Iglesia conservadora adormecedora y opresora…
-          … A lo largo de toda la colonia (+ José Comblin).
-          Identificada con los gobiernos conservadores.
-          Con Juan Pablo 2° (1979) y Benedicto: el opus dei controla la Conferencia Episcopal y vinieron nuncios muy conservadores. De allí salen la mayoría de los obispos y sacerdotes tradicionalistas… para largo.
-          Actualmente hay en Ecuador 25 diócesis con unos 30 obispos.

  1. Con monseñor Proaño nació LA IGLESIA DE LOS POBRES (IP).
-          1910-1988: Su familia era mestiza campesina de la Sierra. «Amo lo que tengo de indio». (2018: 30 años de su pascua).
-          1954-1985: Obispo de Riobamba, Chimborazo (80% de indígenas en 1954): «Taita, era tiempo que vinieras’.
-          Pastoral liberadora e inculturada: ‘obispo de los Indios’ y “profeta latinoamericano de la Iglesia de los Pobres”.
-          1970: Centro de formación teológico y pastoral de Santa Cruz en Chimborazo para Ecuador y AL.
-          1973: Fue director del IPLA (Instituto de Pastoral Latinoamericana) en Quito.
-          Gracias a monseñor Proaño, en los años ‘70: Nacen grupos ‘Iglesia de los pobres’: ED, CEBs, JOC, Agentes de Pastoral…

El testimonio de monseñor Proaño fue en la Iglesia ecuatoriana y latinoamericana una ventana abierta al Espíritu… que la mayoría del clero se apresuró en cerrar después de que falleció en 1988. Pero fue suficiente para que nacieran muchos grupos que hoy formamos la Iglesia de los Pobres.


B.  IGLESIA  CONSERVADORA  MAYORITARIA
Esta situación se debe a varios factores actuales y anteriores, locales y exteriores.
-          Un nuncio muy tradicionalista se quedó ¡inquebrantable durante 11 años! Ha nombrado la mayoría de los obispos con características de sumisos y con poca visión.
-          En 1976 se dio el apresamiento en Riobamba de unos 30 obispos latinoamericanos, amigos de monseñor Proaño… (por denuncia del nuncio y del presidente de la Conferencia Episcopal).
-          En 1997, en Quito, los seminaristas eran prohibidos de leer Medellín, Puebla, Sto. Domingo.
-          En 2010 se dio la expulsión intempestiva de monseñor Gonzalo López, obispo del Vicariato de Sucumbíos y su sustitución por los Heraldos del Evangelio (tradicionalistas militantes). Salieron los Heraldos pero sigue el conflicto para impedir una Iglesia abierta, ministerial y liberadora impulsada por monseñor Gonzalo.
-          En 2015 se da la visita del papa Francisco… percibido en general como ¡persona ‘non grata’! por las actitudes del clero.
-          Florecen el sacramentalismo y el control ideológico y financiero de la Religiosidad popular.
-          Actualmente los obispos favorables a la Iglesia de los Pobres y las CEBs, están en El Oro, Azuay, Guayas y Los Ríos.
-          Lastimosamente en Ecuador el conservadorismo eclesial tendrá larga vida…

C.  LA IGLESIA  DE  LOS  POBRES  PUJANTE  Y  MINORITARIA
Como fue señalado más antes, la Iglesia de los Pobres nació gracias al impulso de monseñor Leonidas Proaño.
-          La integran los grupos siguientes: Las CEBs urbanas, campesinas y las ‘Iglesias vivas’ indígenas presentes en muchas provincias, CAPIP (Coordinación de Agentes de Pastoral de la Iglesia de los Pobres, hasta 2010), ED (Equipos Docentes), JOC (Juventud Obrera Católica), Pastoral Afro-ecuatoriana y otros muchos Grupos identificados con monseñor Proaño.
-          La Iglesia de los Pobres ha formado muchos líderes sociales, políticos, educativos, DD.HH. (Derechos Humanos), feministas, ambientales…
-          En 2015 aparece el Grupo ‘Iglesia de los Pobres’ (continuador de la CAPIP: se vuelve a reunir gracias al padre + Patricio Cabrera, con unos 40 seglares, sacerdotes y religiosas. Próxima reunión en Riobamba el 23 de noviembre: Avisar a Pablo del Hierro, Quito (09.83.77.85.57).
La presencia de la Iglesia de los Pobres es minoritaria pero significativa. Perseguida por la mayoría de la jerarquía, sigue solidaria, activa, comprometida con los cambios eclesiales, sociales y políticos…

D.  DESAFÍOS  Y  ESPERANZA
El Espíritu de Jesús continúa de actuar en la tierra ecuatoriana para mantenernos en fidelidad al proyecto de Jesús, el Reino, que es “lo único absoluto” (Mateo 6,33).
-          Se nota el impacto positivo del papa Francisco que da mayor visibilidad y libertad a la Iglesia de los Pobres.
-          El CELAM (Consejo Episcopal Latino Americano) vuelve a abrir caminos liberadores con propuestas pastorales comprometidas con los pobres: REPAM (Red Eclesial Pan Amazónica), Pastoral social, capacitación liberadora…
-          La Conferencia episcopal ecuatoriana acaba de elegir una directiva algo más abierta.
-          La reciente visita del papa Francisco en Colombia comprometido con los acuerdos de paz, nos fortalece con sus actitudes y mensajes renovadores.
-          Nos desafía la preparación del próximo 12° Encuentro Continental de las CEBs para 2020 en Guayaquil.
-          El Grupo ‘Iglesia de los Pobres’ está empeñado a conformar un ‘Observatorio eclesial nacional’ (informar), promover reuniones de formación por aniversario del Concilio (1962-65), Carta ‘El Progreso de los Pueblos’ (Populorum progressio, papa Pablo 6°, 1967), Medellín (1968), Aparecida (2007)…
-          Estamos comprometidos en aportes para el Sínodo sobre Jóvenes, Roma octubre de 2018…

CONCLUSION :  Nuevas  perspectivas nos desafían y nos animan.
-          El papa Francisco llama a cambios eclesiales, a pesar de no estar tan asumidos por la gran resistencia.
-          A nuestro favor esta Iglesia de los Pobres tiene un largo camino recorrido y ricas experiencias  y… el apoyo papa Francisco.
-          Nos fortalece el protagonismo de la CONAIE. Sin ellos no se va a avanzar mucho tanto en la Iglesia como en la sociedad.
-          Los favorables ‘signos de los tiempos’ son oportunidades para una Iglesia más liberadora y un país más fraterno y justo.

¡ Adelante, Iglesia de los Pobres, adelante ! Eres el pequeño rebaño acurrucado sobre el corazón de Dios.